Cantabria: siglos de cultura termal en el norte de España
Valles verdes, montañas, ríos y la cercanía del Cantábrico definen buena parte de la identidad de Cantabria. Pero la región conserva también otro patrimonio de enorme valor: una tradición termal desarrollada durante siglos alrededor de sus aguas mineromedicinales.
Actualmente, la Asociación de Balnearios de Cantabria reúne seis establecimientos históricos: Alceda, Las Caldas del Besaya, La Hermida, Liérganes, Puente Viesgo y Solares, todos vinculados a aguas declaradas mineromedicinales y de utilidad pública.
Su historia, sin embargo, comienza mucho antes del Wellness contemporáneo.
Cuando “tomar las aguas” formaba parte del viaje El siglo XIX representó una auténtica edad de oro para los balnearios europeos. El desarrollo de la hidrología médica y el creciente interés por los manantiales transformaron estos lugares en destinos donde salud, descanso, naturaleza y vida social convivían durante largas estancias. Cantabria participó plenamente en este fenómeno.
Alrededor de sus manantiales fueron apareciendo casas de baños, hoteles, jardines y espacios concebidos para recibir a un nuevo tipo de viajero.
Las Caldas del Besaya: uno de los orígenes Fundado en 1826, Las Caldas del Besaya es considerado el balneario en funcionamiento más antiguo de Cantabria. Sus instalaciones se desarrollaron alrededor de siete manantiales.
Una de sus piezas históricas más singulares es la bañera de mármol que la reina Isabel II mandó realizar en 1867para sus curas balnearias y que todavía se conserva.
Solares: del siglo XVIII a la Belle Époque Las primeras referencias documentadas al termalismo en Solares aparecen en 1753. En 1827 se construyó la primera Casa de Baños sobre el manantial y un año después sus aguas fueron declaradas de utilidad pública. A finales del XIX y comienzos del XX, Solares evolucionó siguiendo el modelo de las grandes estaciones termales europeas, combinando la cura de aguas con alojamiento, descanso y ocio.
La Hermida: de una cueva termal a un balneario contemporáneo Las aguas de La Hermida brotan aproximadamente a 60 °C y su uso terapéutico está documentado desde el siglo XVIII. Antes de existir un establecimiento propiamente dicho, los bañistas utilizaban una pequeña cueva junto al manantial y rudimentarias bañeras de madera. En 1842 se levantó una primera casa de baños con zona termal y hospedaje. En 1881 el complejo incorporó nuevas galerías, hospedería, parque y ermita. Tras décadas cerrado desde la Guerra Civil, el conjunto fue recuperado en el siglo XXI.
Puente Viesgo: más de dos siglos junto al Pas En Puente Viesgo existen referencias de actividad balnearia desde 1766. En 1888 recibió una Medalla de Oro en la Exposición Universal de Barcelona y entre 1900 y 1930 vivió una de sus épocas de mayor esplendor. Personajes como Benito Pérez Galdós o Marcelino Menéndez Pelayo formaron parte de una cultura balnearia en la que acudir “a las aguas” era también una forma de viajar, descansar y relacionarse.
Liérganes: un balneario ligado a Alfonso XIII A comienzos del siglo XX, Liérganes adquirió especial notoriedad gracias a las visitas del rey Alfonso XIII y su familia. El monarca disponía de una zona de baños junto al manantial de Fuente Santa. Aquella piscina histórica fue posteriormente rehabilitada y actualmente forma parte de la memoria del establecimiento bajo el nombre de Piscina del Rey.
Alceda: tradición termal en los Valles Pasiegos También Alceda había alcanzado un notable prestigio a finales del siglo XIX. En 1892, José Salvador Ruiz publicó una guía específica dedicada a sus aguas y a los bañistas que acudían al establecimiento. Su entorno en los Valles Pasiegos representa además uno de los grandes atractivos de la experiencia termal cántabra: combinar agua, naturaleza y tranquilidad.
Seis balnearios, seis identidades
Las aguas de los balnearios cántabros no son iguales. La composición mineral varía entre centros y comprende aguas clorurado-sódicas, bicarbonatadas, sulfuradas, cálcicas y otras tipologías. Esta diversidad explica por qué la tradición balnearia siempre ha estado ligada a las características específicas de cada manantial. Hoy, la hidroterapia tradicional convive con masaje, fisioterapia, espacios Wellness, gastronomía y nuevas experiencias de relajación. Pero el verdadero lujo continúa siendo el mismo: un recurso natural que pertenece únicamente a ese lugar.
Para Máxima Bienestar, Cantabria representa precisamente esa manera de entender el Wellness: no como una experiencia aislada dentro de un hotel, sino como un viaje donde agua, naturaleza, patrimonio, gastronomía y descanso forman parte de una misma historia.
Siglos después de las primeras casas de baños, las aguas de Cantabria continúan escribiendo uno de los capítulos más interesantes del termalismo español.